Merendar es salud
En lugar de picar a lo largo del día, ¿por qué no tomarnos una pausa a media tarde para alimentarnos equilibradamente? Este gesto sencillo puede ser la clave de una buena salud. Pero ¿cómo estar seguros de que comemos lo correcto?
¿Por qué merendar?
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Merendar no debería ser un hábito exclusivo de los niños. Cuando somos pequeños la merienda es toda una institución, pero conforme crecemos ésta desaparece. Sin embargo, muchos estudios han demostrado que alimentarse a media tarde supone una excelente manera de prevenir la obesidad, pues permite cenar ligero y escalonar las raciones alimentarias. Esto último favorece el equilibrio energético: los aportes de glúcidos y de lípidos se acercan más a los recomendados y las necesidades vitamínicas y de minerales quedan cubiertas más fácilmente. La merienda es imprescindible para los niños, las mujeres embarazadas o que dan el pecho, los deportistas, las personas mayores y para todos aquellos que coman poco al mediodía. En conclusión: ¡la merienda es beneficiosa para todo el mundo!
Merendar no es picar
Picar es comer a deshoras, consumiendo alimentos ricos en calorías y pobres en vitaminas y minerales. Son muchas las excusas que esgrimimos para comernos un bollo o una chocolatina: estrés, ansiedad o simple glotonería. Pero, al final, picar contribuye al desequilibrio alimentario. En cambio, lo que motiva la merienda es el hambre, lo que permite responder a las recomendaciones oficiales. Gracias a este tentempié es más fácil consumir a diario tres productos lácteos, cinco frutas y la suficiente cantidad de glúcidos complejos. Además, encaja perfectamente con los nuevos estilos de vida: comidas rápidas y cenas tardías. Así, la merienda es un gran aliado contra el picoteo intempestivo.
En la práctica
La merienda ideal se compone de un producto lácteo, un alimento que contenga cereales y una fruta, pero suele pecar de ser demasiado calórica. Depende de ti revertir esta tendencia. Si no te gusta la leche, basta con reemplazarla por un yogur o un trozo de queso.
Ejemplos de meriendas equilibradas:
- Un melocotón, un bol de queso blanco y tres o cuatro galletitas
- Un zumo de naranja natural, una rebanada de pan y un trozo de queso no graso.
Merendar también significa compensar una comida demasiado frugal; así, un bocadillo a medio día puede completarse por la tarde con un yogur y una fruta.
¿Te has convencido? Date una pausa y aprovéchala para socializar en torno a una merienda sana y equilibrada.
C. Bourganel
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