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Alimentación durante el crecimiento

La alimentación de niños y adolescentes se caracteriza por ser la encargada de cubrir las necesidades de un período crucial en el desarrollo físico y psíquico del individuo. Es muy importante que desde su nacimiento el niño siga una alimentación adecuada a sus necesidades, «sin excesos ni carencias». De esta manera y cuidando a la vez el proceso educativo y la adquisición de hábitos alimentarios, se ayudará a garantizar un desarrollo óptimo.

La alimentación del niño durante el primer año de vida

Alimentación durante el crecimiento
© Thinkstock

Los primeros meses de vida, durante los cuales el bebé se alimenta exclusivamente de leche (único alimento hasta los tres o cuatro meses), se denominan período de lactancia.
Actualmente, hay muchos factores que conducen a recomendar, sin ninguna duda, la leche de la madre como el sistema de alimentación mejor y más adecuado durante este primer período, ya que se trata, en definitiva, de una prolongación natural de la alimentación intrauterina ofrecida por la madre durante la gestación. La alimentación a través del pecho materno fue, hasta principios de este siglo, el único medio que aseguraba la supervivencia de los niños y, cuando por algún motivo, la madre no podía amamantar a su bebé, éste quedaba expuesto a un grave peligro, dada su intolerancia a otros tipos de leche durante los primeros meses.
En este caso, se recurría normalmente a las «amas de cría» o mujeres que amamantaban a la vez a su hijo y al de otra mujer. Es a principios del siglo XX cuando se empieza a tratar y modificar la leche de vaca, para ser utilizada como sustituto de la leche de la madre.

Las características principales de la leche materna se pueden concretar en los siguientes puntos:

  • aporta el equilibrio nutritivo ideal para la alimentación del recién nacido, tanto en calidad como en cantidad (valor nutritivo, temperatura, concentración...);
  • presenta propiedades inmunitarias que mejoran las defensas naturales contra ciertas infecciones;
  • favorece la salud de la madre y refuerza el vínculo afectivo entre madre e hijo;
  • no necesita preparación, está siempre a punto y a la temperatura óptima;
  • es, al mismo tiempo, la alimentación más económica, aspecto a tener en cuenta en determinadas situaciones o grupos sociales.

La lactancia materna es, pues, la alimentación idónea. No obstante, durante los últimos años se ha venido efectuando cada vez con menor frecuencia, debido principalmente a razones de tipo social, laboral, incluso a una insuficiente información por parte de las madres. Un buen proceso de lactancia debe empezar a prepararse desde el embarazo, tanto nutritiva como psicológicamente.
La alimentación de la mujer lactante presenta las mismas características que la alimentación recomendada durante los últimos meses de embarazo. Los aspectos más importantes son la variación, un adecuado reparto, la ingesta de 4 raciones/día de productos lácteos para garantizar los requerimientos en calcio (no importa que se trate de productos semi o desnatados), así como una adecuada hidratación.
Cuando la lactancia materna no puede llevarse a cabo, existe el recurso de las leches adaptadas. Éstas se elaboran normalmente a partir de leche de vaca, modificada y sometida a unos tratamientos que la adecúan a las necesidades de los bebés, en función de la edad.
Así, pueden encontrarse en las farmacias leches de inicio o 1, previstas para cubrir las necesidades desde el nacimiento hasta los 4-6 meses, y leches de continuación o 2, previstas desde los 4-6 meses hasta la utilización de leche de vaca. Existen también las «leches especiales», preparadas para situaciones concretas, como niños prematuros o con bajo peso al nacer, niños con alergias o intolerancias, etc. En la utilización de leches adaptadas es conveniente seguir con minuciosidad las normas de preparación de los biberones, tanto en relación a las proporciones como a la manipulación higiénica.
Pasado cierto tiempo, la leche ya no será suficiente para cubrir íntegramente las necesidades del bebé, por lo que se iniciará la utilización de otros alimentos, además de ésta.
No se recomienda empezar la etapa de introducción de nuevos alimentos o período de diversificación alimentaria antes de los 5-6 meses, y siempre bajo la orientación del pediatra, que aconsejará sobre el momento y tipo de alimento más apropiado. No existen suficientes razones científicas para establecer unos criterios estrictos sobre qué tipo de alimento debe incorporarse en primer o segundo lugar, ya que depende en gran medida del grado de desarrollo neuromuscular y psicomotor del lactante, por lo que se seguirán, en cada caso, las recomendaciones del pediatra. A pesar de esto, existen algunas pautas bastante consensuadas por los especialistas.
No se recomienda iniciar la alimentación complementaria antes de los 4 meses, considerándose más prudente retrasar este proceso hasta los 5-6 meses.

Una vez ha nacido el niño, la leche materna basta para satisfacer todas las necesidades nutricionales del recién nacido. Además, la leche materna proporciona al bebé anticuerpos que contribuirán a reforzar su sistema inmunológico. Por esta razón la sustitución creciente de la lactancia materna por la lactancia a partir de leches adaptadas, que se ha producido en muchos países en vías de desarrollo, así como también en los países más industrializados, ha constituido uno de los cambios alimentarios del siglo xx más difíciles de comprender. Dada la indiscutible superioridad de la calidad de la leche materna, una de las explicaciones apuntadas por antropólogos y sociólogos es que el biberón fuera utilizado como identificador de un estatus social más elevado. En su momento muchas madres consideraron que el amamantamiento era una costumbre antigua que podía sustituirse sin diferencia alguna por la leche adaptada en las tomas de biberón. Se identificó como una modernización. Por otro lado, la mayor incorporación de la mujer al trabajo fuera del hogar y las pocas facilidades ofrecidas por las empresas no han ayudado a mantener y potenciar la lactancia materna.

La alimentación en edad preescolar y escolar

A partir del primer año, se empezará a utilizar leche de vaca, huevo entero, así como verduras y frutas, cortadas en pequeños trozos. Alrededor de los dos años, la maduración digestiva, así como la completa dentición, permitirán diversificar la alimentación del niño con alimentos básicos, como pueden ser las legumbres, que se servirán al principio en forma de purés y más tarde solas o mezcladas con otros alimentos.
En esta época el niño ya debe realizar entre cuatro y cinco tomas diarias de alimentos (desayuno, media mañana, comida, merienda y cena), siendo éste un período clave para el aprendizaje de hábitos alimentarios adecuados que se inician en el núcleo familiar y se complementan en el ámbito escolar, jugando aquí un importante papel el comedor escolar y la adecuada coordinación e información entre padres y responsables del comedor. Las necesidades energéticas de los niños en estas edades iniciales pueden variar mucho y es aconsejable respetar, en la medida de lo posible, la sensación de saciedad o de hambre expresada por los propios niños. Es un error frecuente intentar que terminen los platos cuando se han servido raciones parecidas a las de los adultos. Las preparaciones deben ser cada vez más variadas pero manteniendo técnicas culinarias apropiadas a estas edades.
Deben tenerse en cuenta no tan sólo los aspectos nutricionales, sino también los aspectos organolépticos, textura, color, sabor, olor, en relación a sus posibilidades. Las presentaciones más apropiadas son las sopas, los purés, las cremas, los guisos y estofados, las carnes trituradas, las croquetas, tortillas…, preparaciones jugosas y de fácil masticación, debiendo evitarse las preparaciones a la plancha y las carnes muy secas. Los fritos también son una buena y sabrosa opción culinaria para los segundos platos, aunque no la única.
Energía recomendada:
De 1 a 3 años de 1.000 a 1.300 Kcal./día
De 4 a 6 años de 1.400 a 1.600 Kcal./día
De 7 a 10 añosde 1.700 a 2.000 Kcal./día

En relación a la distribución de esta energía a lo largo del día, ésta debería responder a un reparto aproximado de:

  • Desayuno 20 % del total energético
  • Media mañana 10 % del total energético
  • Comida 30-35 % del total energético
  • Merienda 10% del total energético
  • Cena 25-30% del total energético

Publicado el 03/03/2010Comentar

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