Alimentación e hipertensión arterial
La hipertensión arterial se define como una elevación crónica de la presión de la sangre que circula por las arterias por encima de los valores considerados normales en las distintas edades.
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Este aumento puede deberse a factores hereditarios del individuo, al consumo excesivo de sodio (sal = cloruro sódico), al estrés o simplemente a la edad, ya que la tensión arterial suele aumentar con los años.
Este aumento no se observa en algunas comunidades rurales aisladas y con economías de subsistencia en los países en vías de desarrollo, ya que se caracterizan por estilos de vida marcados por bajas ingestas de sal, una actividad física importante y bajas tasas de sobrepeso y obesidad. El exceso de peso predispone, asimismo, al aumento de la presión arterial. El incremento de peso entre los 30 y los 50 años se asocia a un aumento de la presión arterial, siendo la concentración de grasa a nivel abdominal la de mayor riesgo.
El elevado consumo de bebidas alcohólicas, de grasas saturadas (principalmente las de origen animal) y el hábito del tabaquismo predisponen también al incremento de la presión arterial.
¿Cómo prevenir y tratar la hipertensión?
Reducir el peso si éste fuera elevado (sobrepeso u obesidad) mediante la observación de una alimentación completa pero con menos energía.
Disminuir el consumo de sal en la alimentación, reduciendo la sal añadida en las preparaciones y aquellos alimentos ricos en este elemento. Ésta es la pauta dietética más espe- cífica para el tratamiento de este trastorno.
Incrementar el consumo de verduras, hortalizas, frutas y alimentos ricos en fibra y potasio (K).
Reducir el consumo de grasas saturadas (grasas de origen animal).
Moderar, disminuir o suprimir la ingestión de bebidas alcohólicas.
Abandonar el hábito de fumar.
Practicar ejercicio físico moderado de forma habitual.
¿Como reducir el consumo de sal?
Eliminando la utilización del salero en la mesa.
Evitando la sal en la preparación de las comidas o utilizando la mínima posible.
Reduciendo el consumo de embutidos, quesos curados, comidas preparadas, precocinados (croquetas, empanadillas, canelones, pescados em-panados, etc.), salsas comerciales (mostaza, mahonesa, salsa de toma-te, etc.), conservas en general y salazones, productos para aperitivos como las aceitunas, los pepinillos, las alcaparras, las patatas fritas, los frutos secos salados, las galletas, la pastelería y la bollería industrial.
Evitando el consumo de aguas gasificadas, ya que contienen bastante sal añadida (más adelante se
facilitan unas tablas reducidas de composición de los alimentos en las que figura el contenido en sodio de los mismos).
Alternativas a la utilización de la sal
Para condimentar las preparaciones culinarias, utilizar especias tales como la pimienta, el pimentón, la nuez moscada, el curry, el clavo, la canela, el azafrán, la mostaza, así como hierbas aromáticas como, por ejemplo, el hinojo, el tomillo, el laurel, la menta, el perejil, el romero, el estragón, la albahaca o la salvia, potenciando de esta forma el sabor de los platos.
También puede utilizar el vinagre y el limón para aliñar y aliá- ceos como el ajo, la cebolla, las cebollitas, la escalonia o el puerro.
Poner en una fuente o bandeja para el horno distintas hierbas aromáticas (tomillo, orégano, romero, etc.) e introducirlas en el horno caliente unos minutos con el objetivo de tostarlos ligeramente. Poner estas hierbas en la picadora o molinillo para obtener una mezcla bien fina. Añadir pimienta o las especias que considere oportunas y vertir esta mezcla en un salero. Esta preparación sirve para sazonar carnes y pescados en sustitución de la sal.
Elaborar salsas caseras como mahonesas, vinagretas, pesto, romesco, all i oli, etc.
Utilizar aceite con sabor, como el de oliva virgen. Puede aromatizarse con la adición de ajo, pimienta en grano, estragón, romero o tomillo.
La piel del limón y de la naranja también pueden aromatizar algunas preparaciones.
Cocinar los alimentos mediante las técnicas culinarias que realzan más los sabores como las cocciones al horno, al vapor y los guisos en lugar de hervidos y alimentos a la plancha.
El vino y los licores en pequeñas cantidades pueden utilizarse para potenciar el sabor y/o aromatizar algunas preparaciones.
Sustituir el pan normal por pan sin sal.
Preparar pasteles y bollos en casa en lugar de adquirirlos en los comercios.
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